27 septiembre 2017 | Internet

La importancia de inversores y empresarios en el desarrollo

En estos días, en la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York resonó un concepto que se repitió rítmicamente en los diferentes espacios de discusión: la crítica importancia de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y la necesidad de trabajar conjuntamente entre sectores para tener una chance de alcanzar las metas. Así lo expresó Antonio Guterres, Secretario General de las Naciones Unidas cuando afirmó que sólo se podrán alcanzar los ODS si toda la sociedad se compromete a lograrlos. Enfatizó que el papel de la comunidad empresarial, sector privado y sector financiero es crucial en esto.

Como Jefe de la Unidad de Alianzas y Movilización de Recursos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), comparto este sentido de urgencia. Es por eso que el BID y sus socios trabajan día a día para apoyar el desarrollo de un ecosistema óptimo que permita a inversores institucionales, al sector privado y demás actores, jugar un papel importante en el financiamiento del desarrollo.

La buena noticia es que, mediante las inversiones de impacto, -inversiones financieras orientadas a actividades con impacto social y ambiental positivo- algunos de estos actores ya están participando en el desarrollo.

De acuerdo a la Encuesta Anual de Inversores de Impacto, publicada en mayo por el Global Impact Investing Network, este mercado crece y a pasos acelerados. En 2016, se reportan 22 mil millones de dólares en inversiones de impacto, de los cuales el 9% estuvo dirigido a América Latina y el Caribe. Vale la pena agregar que estos 22 mil millones son parte de un portafolio de inversiones globales de 114 mil millones de dólares manejados por los encuestados.

Entonces ¿cómo dirigir el resto de estos fondos hacia transacciones que generen impacto transformador para el desarrollo? Vemos como ejemplo las inversiones del sector privado del Grupo BID, que siempre buscan impacto sobre la base de estrictas salvaguardas y criterios ambientales, sociales y de gobernanza corporativa, y que además incluyen un riguroso proceso de evaluación de impacto y eficiencia en las inversiones. Si lográramos que inversores y fondos tradicionales generalizaran el uso de estándares mínimos a la totalidad de sus inversiones -a todas sus inversiones por igual- sería posible direccionar más recursos que nos acerquen realmente a metas de los ODS. Y la ganancia sería doble: escala y velocidad para el desarrollo y ganancias para los inversores y fondos. Cada vez más, actores como los fondos de pensiones o inversores individuales como los millennials están interesados en la sostenibilidad de largo plazo. En un contexto de volatilidad del sistema financiero, una estrategia más sostenible es una oportunidad para que los gestores de fondos incrementen su base de clientes y recursos.

En Argentina, desde el BID estamos trabajando con socios como el Grupo de Fundaciones y Empresas (GDFE) para desarrollar el ecosistema de las inversiones de impacto y continuar impulsando y acelerando la participación de los diferentes actores en la generación de transformación en sus comunidades. Eventos como la Jornada Anual 2017 del GDFE, son parte de una conversación local que reúne a todos los actores para reflexionar sobre su rol en la promoción de modelos innovadores de inversión social privada. Un tema clave para cerrar la brecha de financiamiento de desarrollo tanto en Argentina como en la región.

Matías Bendersky es Jefe de la Unidad de Alianzas y Movilización de Recursos del BID

Fuente: Clarín

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